Il cammino vocazionale nel discorso dell’Arcivescovo Celso Morga

giu 22nd, 2013 | By | Category: Primo Piano

Aggiornamento Convention di Serra International, Maiorca 2013. Di seguito pubblichiamo l’intervento di S. Ecc. l’Arcivescovo Celso Morga Iruzubieta, Segretario della Congregazione del Clero, 21 giugno 2013. “Excelencias, Queridos sacerdotes, queridos amigos, quiero agradeceros, en primer lugar, vuestro dedicacion al servicio de las vocaciones, bajo el patrocinio y con el ejemplo del Beato Junípero Serra, en el día a día, en la viña del Señor.

Pido vuestra benevolencia; no diré cosas que no sepáis de sobra y mucho mejor que yo …  

  1. 1.   Introducción

En la famosa película, titulada “La lista de Schindler” (“Schindler’s List”), dirigida, en 1993, por Steven Spielberg, sobre las terribles deportaciones de judíos polacos a los campos de concentración, el protagonista histórico, el señor Oskar Schindler, interpretado en la película por Liam Neeson, es un empresario de origen alemán, miembro del partido nazi, quien acababa de llegar, por caso, a Cracovia.

Aprovechando la situación en Polonia – recientemente invadida por el ejercito nazi – crea una fabrica de artículos de cocina y llega a un acuerdo con el director de un campo de trabajos forzados para usar mano de obra judía, proveniente del ghetto de Cracovia; era la opción de trabajo mas económica, pero pudo, de este modo, salvar muchas personas de una muerte casi segura.

Schindler, para llevar adelante su proyecto, contrató un competente contable judío, al cual el protagonista dice en un momento la película: ۤ«como decía mi padre, cuando se alcanza una cierta edad, para andar bien en la vida, tenemos necesidad de tres personas: un buen médico, un sacerdote misericordioso y un contable competente».

No sé si es siempre necesario un contable competente, cuando no se posee ni siquiera un mediano patrimonio, pero sí que para todos, sobre todo cuando se entra en años, resulta conveniente un buen médico y, sobre todo, un sacerdote misericordioso que entienda de humanidad y de gracia divina.

Un sacerdote que, como Jesús y en su nombre, perdone nuestros pecados, rece por nosotros, ofrezca por nosotros el Sacrificio del altar, nos dé la comunión y, en definitiva, nos ofrezca, con generosidad el alimento dela Palabrade Dios y dela Eucaristía.

Un sacerdote que, como el Señor Jesús, consuele en los momentos difíciles, anime para seguir caminando como cristianos por el camino de la vida con confianza y esperanza y esté al lado en los momentos decisivos del paso a la vida eterna. En este sentido, sabemos lo que decía el santo Cura de Ars: “la mayor bendición para una parroquia es tener un sacerdote conforme al Corazón de Cristo”.

Esto son los sacerdotes. Pero cuando pensamos hoy al sacerdote, a los sacerdotes, no podemos dejar de lado un fenómeno cultural y social que afecta particularmente al sacerdote y que hemos dado en llamar “secularización”, es decir esa tendencia difusa, sobre todo en nuestro mundo occidental, a vivir la vida en una proyección horizontal, dejando a un lado o neutralizando la dimensión religiosa, trascendente.

Este fenómeno – o marea – de la secularización, que desde hace varias décadas nos golpea con particular virulencia, afecta a un gran número de bautizados que acrecientan el número de bautizados alejados, que viven al margen de cualquier forma de comunidad cristiana.

Este fenómeno produce el efecto, no sólo del alejamiento de la practica religiosa, sino también – a la larga – una ignorancia u olvido, cuando no un rechazo explícito, tanto del depositum fidei, tal como es propuesto auténticamente por el Magisterio eclesiástico, como, en general, de la misión dela Iglesia y, por tanto, de la misión de los ministros sagrados, que no pocas veces se sienten mirados con indiferencia, cuando no rechazados o no admitidos pacíficamente en la misma vida social.

Si es cierto que la Iglesiaexiste, vive y se perpetua en el tiempo por medio de la misión evangelizadora (Ad gentes), está claro que para Ella el efecto más llamativo que ha causado la generalizada secularización es la crisis del sacerdocio ordenado, porque es el ministerio sacerdotal el que se hace muy cuesta arriba en un clima tan enrarecido.

Esto se ha manifestado, por una parte, en la sensible reducción de las vocaciones y en la dificultad que comporta el trabajo de pastoral vocacional y, por otra, en la difusión de un espíritu del pérdida del sentido sobrenatural del ser y de la misión del sacerdote ordenado, formas de inautenticidad, que no pocas veces han provocado situaciones de graves sufrimientos.

  1. 2.   Vocaciones- Formación- Vida espiritual

No obstante, todos estamos convencidos quela Iglesia, no sólo para subsistir, sino para crecer siempre más (porque está en su misma naturaleza llegar a ser de hecho Católica), necesita del sacerdocio ministerial.

Estos cristianos, sin embargo, que hoy y hasta el final de los tiempos, acogen y acogerán con generosidad la vocación sacerdotal, en total y definitivo servicio a sus hermanos, no se improvisan. El primer y principal medio quela Iglesiatiene a su disposición es el indicado por Cristo en el Evangelio:

«la mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad,  pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies»

(Mt 9, 37-38).

Pero, después,la Iglesiadebe preparar y acompañar cada vocación al ministerio sacerdotal que el Señor quiera concederle.

El Concilio de Trento instituyó los Seminarios mayores como lugares privilegiados de formación sacerdotal. La necesidad de esta institución fue confirmada categóricamente por el Concilio Vaticano II (OT,4) y reiterada por el Sinodo de los Obispos de 1990 (PDV,60).

Y no sólo es importante la formación inicial, sino también la formación permanente del presbítero, porque el ministerio sacerdotal es como una carrera de fondo que dura hasta el final de la vida y requiere fidelidad absoluta. No existe el sacerdocio “ad tempus”.

El primero y principal responsable de su propia formación es el mismo sacerdote. Sobre cada sacerdote incumbe el deber de ser fiel al don de Dios y al dinamismo de conversión cotidiana que exige ese don. El fundamento de la formación permanente del presbítero es su vida espiritual, su camino de santidad específico a través de la vivencia de la caridad pastoral.

La nueva edición del Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, quela Congregación para el Clero acaba de publicar, dedica el segundo y el tercer capítulo a estas dos dimensiones fundamentales del ministerio y la vida de los sacerdotes: la formación permanente y el camino específico de santidad cristiana del sacerdote ordenado, su vida espiritual, siempre en el contexto de un ministerio esencialmente comunional, formando parte de un presbiterio, cuya cabeza es el Obispo.

  1. 3.   Identidad

El primer capitulo, sin embargo – el más importante – está dedicado a la identidad del presbítero.

La Introduccióndel Directorio inicia propio con una citación de Benedicto XVI, en su discurso a los participantes en el Congreso organizado por la Congregaciónpara el Clero, el 12 de marzo de 2010: «la identidad sacerdotal …es determinante para el ejercicio del sacerdocio ministerial en el presente y en el futuro» y el Primer Capítulo inicia con il texto de la Exhortación Apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis en el que se delinea la identidad del sacerdote: «Los presbíteros son, en la Iglesia y para la Iglesia, una representación sacramental de Jesucristo, Cabeza y Pastor, proclaman con autoridad su Palabra; renuevan sus gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación, principalmente con el Bautismo, la Penitencia y la Eucaristía; ejercen, hasta el don total de sí mismos, el cuidado amoroso del rebaño, al que congregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu» (n.15).             

Con ser muy importante la formación inicial y permanente y con ser muy importante un plan de vida espiritual que le permita crecer interiormente, lo decisivo, para todos y cada de los sacerdotes, es tener claro en la mente y en el corazón que el sacerdocio ministerial recibido es una identificación ontológico-sacramental con Cristo Sumo Sacerdote, Buen Pastor, esculpida en él por el sacramento del orden.

De este primer denso capítulo sobre la identidad sacerdotal del Directorio, destacaría la insistencia y la claridad con la que se propone a los sacerdotes la raíz y la meta del sacerdocio ministerial, que no es otra sino la identificación con Cristo, Sacerdote, Cabeza y Pastor de su Pueblo, en cuya Persona están llamados a vivir y ejercitar el propio ministerio.

Mediante la ordenación sacramental, realizada por medio de la imposición de las manos y de la oración consagratoria de parte del Obispo,  se determina (nace, podríamos decir) en el fiel – que desde ese momento es sacerdote ministerial – «un vínculo ontológico específico, que une al sacerdote con Cristo, Sumo Sacerdote y Buen Pastor» (Juan Pablo II, PDV, 11, n.2 del Directorio).

Ahora bien, la identidad sacerdotal debe orientar – como fin – todo el camino vocacional y todo el trabajo eclesial que se realice para el fomento y sostenimiento de las vocaciones. Lo que se pretende es formar sacerdotes con una fuerte conciencia de la propia identidad, como fray Junípero Serra, que no se hecha atras en sus decisiones, pero sobre todo en la decision fundamental de ser sacerdote para siempre.

Es impresionante a este propósito, la carta de despedida que el beato Serra escribe a sus ancianos padres y su hermana y cuñado, mientras esperaba en Cadiz el momento de embarcar para el Nuevo Mundo: «yo quisiera poder infundirles la gran alegria en que me encuentro, y pienso que me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca».

 

La vida sacerdotal necesita, hoy como nunca, decisiones así, decisiones de este tipo. Nuestros jovenes tienen un miedo grande a tomar decisiones definitivas, pero sabemos que el sacerdocio no lo podemos reinventar nosotros y que no es un sacerdocio “ad tempus”. Me parece muy necesario insistir en la labor con las vocaciones, hoy, en la fuerza de la gracia de Dios que no abandona ni se deja ganar en generosidad cuando el hombre se deja guiar de su Voluntad amorosa.

Al nichilismo de la cultura contemporanea – que lleva a desposeer de sentido la vida del hombre sobre esta tierra e incluso a considerar al hombre como un ser más, sin ninguna dignidad especifica dentro de la variedad de seres que componen este mundo – es necesario oponer un convencido y audad (parresia) anuncio del Evangelio que solo hombres bien convencidos de su identidad y misiòn pueden llevar a cabo.

No podemos caer en el pesimismo. Hombres capaces de decisiones incondicinales y para toda la vida el Señor los enviarà siempre a la sua Iglesia. Él mismo ha prometido con fidelidad eterna: «os daré pastores según mi corazón» (Jer 3,15).

La esperanza de recibir abundantes y santas vocaciones sacerdotales, asi como la certeza que el Señor no permitirà que a su Iglesia le falte la luz necesaria para afrontar la apasionante aventura de arrojar las redes al lago, estan basadas sobre la fidelidad de Jesus, siempre viva y operante enla Iglesia(cf. PDV, 23).

Necesitamos nuevos evangelizadores para la nueva evangelizacion y estos son los sacerdotes, pero evangelizadores  que amen su ministerio de modo apasionato, que lo vivan como camino especifico de santidad. A María y al beato Junípero Serra confiamos hoy todas y cada una de las vocacione que el Señor querrà enviarnos por su intercesión para una evangelización cada vez más intensa y renovada.

Homilia

Queridos amigos,

«Os daré pastores segun mi corazon» (Jer 2,15). El Señor nos ha reunido en esta magnifico lugar – Petra – donde nacio y se criò el beato Junipero Serra para confirmarnos en nuestro porposito de dedicar nuestras fuerzas a la promocion y cuidado de las vocaciones al sacerdocio”.           

 Di seguito pubblichiamo il testo in italiano tradotto con Google:

“Eccellenze, cari sacerdoti, cari amici – ha detto S. Ecc. l’Arcivescovo Celso Morga Iruzubieta, Segretario della Congregazione del Clero ai Serrani nella Convention di Palma di Majorca 2013 - voglio ringraziare, prima di tutto, la vostra dedizione al servizio delle vocazioni, con il patrocinio e l’esempio del Beato Junipero Serra, nel giorno per giorno nella vigna del Signore.
Chiedo la vostra benevolenza non dire cose che non si conoscono molto bene e molto meglio di me …
1. Introduzione
Nel celebre film, dal titolo “La lista di Schindler” (“Lista di Schindler”) diretto nel 1993 da Steven Spielberg, circa i terribili deportazioni degli ebrei polacchi nei campi di concentramento, il protagonista storico, il signor Oskar Schindler, interpretato nel film da Liam Neeson, è un uomo d’affari di origine tedesca, membro del partito nazista, che era appena arrivato, per esempio, a Cracovia.
Approfittando della situazione in Polonia – ha recentemente invaso dall’esercito nazista – crea una fabbrica di pentole e arriva a un accordo con il direttore di un campo di lavoro di utilizzare manodopera ebraica, dal ghetto di Cracovia, è stata la scelta lavoro più economico, ma potrebbe, quindi, salvare molte persone da una morte quasi certa.
Schindler, per realizzare il loro progetto, ha assunto un contabile ebreo compiuto, che il protagonista dice a un certo punto il film “, come mio padre, quando si raggiunge una certa età, di camminare bene nella vita, abbiamo bisogno di tre persone: un buon medico, un sacerdote e di un commercialista competente misericordioso “.
Non so se è sempre necessario contabile competente, quando non addirittura un medium ha patrimonio, ma che per tutti, soprattutto quando si tratta di anni, è opportuno un buon medico e, soprattutto, un sacerdote misericordioso che capisce l’umanità e la grazia.
Un sacerdote che, come Gesù e nel suo nome, perdona i nostri peccati, prega per noi, da parte nostra offriamo il sacrificio dell’altare, la comunione e ci danno in ultima analisi, ci fornisce con generosità il cibo della Parola di Dio e l’Eucaristia.
Un sacerdote, come il Signore Gesù, conforto nei momenti difficili, allegria come cristiani continuano a camminare sul sentiero della vita con fiducia e speranza, ed è vicino nei momenti decisivi del passaggio alla vita eterna. In questo senso, noi sappiamo quello che era nel santo Curato d’Ars: “la più grande benedizione per una parrocchia è di avere un sacerdote secondo il Cuore di Cristo.”
Questi sono i sacerdoti. Ma quando pensiamo che oggi il sacerdote, sacerdoti, non può lasciar andare un fenomeno culturale e sociale che colpisce in particolare il prete e che noi chiamiamo “secolarizzazione”, cioè diffondere questa tendenza, soprattutto nel mondo occidentale, a vivere la vita in una vista di pianta, lasciando da parte la dimensione religiosa o neutralizzante, trascendentale.
Questo fenomeno – o sottile – di secolarizzazione, che per decenni ci colpisce con particolare forza, colpisce un gran numero di battezzati che aumentare il numero di battezzati lontano, vivere ai margini di ogni forma di comunità cristiana.
Questo fenomeno ha l’effetto di non solo la rimozione della pratica religiosa, ma anche – finalmente – una ignoranza o dimenticanza, se non un rifiuto esplicito sia del deposito della fede, come proposto dal Magistero davvero come, in generale, la missione della Chiesa e quindi la missione dei sacri ministri, che si sentono spesso considerati con indifferenza, se non respinti o accettati senza la stessa vita sociale.
Se è vero che la Chiesa esiste, vive e si perpetua nel tempo attraverso la missione evangelizzatrice (AG), è chiaro che per lei l’effetto più eclatante che ha causato la secolarizzazione diffusa è la crisi del sacerdozio ordinato, perché è ministero sacerdotale, che rende molto difficile in un clima così sottile.
Questo si manifesta, in primo luogo, in una notevole riduzione delle vocazioni e la difficoltà di lavoro pastorale vocazionale e, in secondo luogo, nella diffusione di uno spirito di perdita di senso della missione di sé e soprannaturale ordinato sacerdote, forme di inautenticità, che non di rado hanno causato gravi situazioni di sofferenza.

Due. Vita Vocazioni-Formazione-Spirituale
Tuttavia, siamo tutti convinti che la Chiesa non solo di sopravvivere, ma di crescere sempre di più (perché è nella loro natura effettivamente diventare cattolico), necessità del Sacerdozio ministeriale.
Questi cristiani, però, che ora fino alla fine dei tempi, danno il benvenuto e accogliere con generosità la vocazione sacerdotale, a servizio completo e definitivo per i suoi fratelli, non improvvisato. Il primo e principale mezzo che la Chiesa ha a disposizione è indicato da Cristo nel Vangelo:
“La messe è molta, ma gli operai sono pochi. Pregate dunque il padrone della messe che mandi operai nella sua messe! ” (Mt 9, 37-38).
Ma poi la Chiesa deve preparare e accompagnare ogni vocazione al ministero sacerdotale che il Signore vuole dare.
Il Concilio di Trento istituì seminari maggiori luoghi privilegiati di formazione sacerdotale. La necessità di questa istituzione è stata categoricamente confermato dal Vaticano II (OT, 4) e ribadito dal Sinodo dei Vescovi del 1990 (PDV, 60).
E non solo la formazione iniziale, formazione continua ma anche il prete, perché il ministero sacerdotale come sfondo carriera che dura fino alla fine della vita e richiede assoluta fedeltà. Non c’è sacerdozio “ad tempus”.
Il primo e principale responsabilità per la propria formazione è lo stesso sacerdote. Circa ogni sacerdote poggia il dovere di essere fedele al dono di Dio e il dinamismo di conversione quotidiana che richiede quel dono. Il razionale per la formazione permanente dei sacerdoti è la loro vita spirituale, il loro specifico cammino di santità attraverso l’esperienza della carità pastorale.
La nuova edizione del Direttorio per il ministero e la vita sacerdotale, la Congregazione per il Clero ha appena pubblicato, dedica il secondo e terzo capitolo di queste due dimensioni fondamentali del ministero e la vita dei presbiteri, la formazione permanente e modo specifico di santità cristiana sacerdote ordinato, la sua vita spirituale, sempre nel contesto di un ministero essenzialmente in comunione come parte di un presbiterio, il cui capo è il vescovo.
Tre. Identità
Il primo capitolo, tuttavia – il più importante – è dedicato alla identità del sacerdote.
L’introduzione del Consiglio stesso inizia con una citazione di Benedetto XVI, nel suo discorso ai partecipanti al congresso organizzato dalla Congregazione per il Clero, il 12 marzo 2010: “… l’identità sacerdotale è fondamentale per l’esercizio di ministero sacerdotale nel presente e nel futuro “e il primo capitolo inizia con testo il sinodale Pastores dabo vobis che definiscono l’identità del sacerdote:« I sacerdoti sono, nella Chiesa e per la Chiesa, una ripresentazione sacramentale di Cristo Capo e Pastore, ne proclamano autorevolmente la parola, ne ripetono i gesti di perdono e di offerta della salvezza, soprattutto con il battesimo, la penitenza e l’eucaristia, che mostra fino al dono totale di sé, la cura amare il gregge, che raccolgono nell’unità e conducono al Padre per mezzo di Cristo nello Spirito “(n.15).
Con molto importante la formazione iniziale e continua e molto importante di un programma spirituale che permette la crescita interiore, ciò che conta per tutti e ciascuno dei sacerdoti, è quello di essere chiaro nella mente e nel cuore che il sacerdozio ministeriale ricevuto è una identificazione ontologico-sacramentale con Cristo, Sommo Sacerdote, Buon Pastore, intagliato in essa dal sacramento dell’Ordine.
In questo primo capitolo denso consiglio identità sacerdotale, evidenziare l’enfasi e la chiarezza con cui si propone ai sacerdoti la radice e la meta del sacerdozio ministeriale, che non è altro che l’identificazione con Cristo, Sacerdote, Capo e Pastore del suo popolo, nella cui persona è chiamata a vivere e ad esercitare il suo ministero.
L’ordinazione sacramentale, attraverso l’imposizione delle mani e la preghiera consacratoria del Vescovo, è determinato (nato, poteva dire) nei fedeli – che da quel momento è sacerdote ministeriale – “uno specifico legame ontologico, che unisce il sacerdote a Cristo, Sommo Sacerdote e Buon Pastore “(Giovanni Paolo II, PDV, 11, n.2 del consiglio di amministrazione).
Ora, l’identità sacerdotale deve guidare – e così – tutto il percorso professionale e tutto il lavoro è eseguito Chiesa per la promozione e il sostegno delle vocazioni. L’obiettivo è di formare sacerdoti con un forte senso di identità, come Fra Junipero Serra, non fatto ritorno nelle loro decisioni, ma soprattutto nella decisione cruciale di essere un sacerdote per sempre.
E ‘impressionante per questo scopo, la lettera d’addio che il Beato Serra scrive ai genitori anziani e sua sorella e il fratello, in attesa a Cadice durante l’imbarco per il Nuovo Mondo: “Voglio infondere la grande gioia che trovo , e io mi esorto ad andare avanti e non indietro mai. ”
Vita sacerdotale richiede, oggi più che mai, così le decisioni, decisioni di questo tipo. I nostri giovani hanno una grande paura di prendere decisioni definitive, ma sappiamo che il sacerdozio non può reinventare noi stessi e non è un sacerdozio “ad tempus”. Trovo necessario insistere sul lavoro con le vocazioni, oggi, sulla forza della grazia di Dio, che non abbandona o vincere in generosità, quando l’uomo è guidato dalla sua volontà d’amore.
Al Nichilismo della cultura contemporanea – che porta ad espropriare l’uomo sentì la vita su questa terra e anche di considerare l’uomo come un essere senza dignità specificato nella varietà degli esseri che compongono questo mondo – solo gli uomini ben convinti della loro identità e Mission possono eseguire.
Non possiamo cadere nel pessimismo. Uomini incondizionatamente capaci di rendere la vita e il Signore trasmette la Chiesa SUA sempre. Se stesso fedelmente promesso eterna: “Vi darò pastori secondo il mio cuore” (Ger 3,15).
La speranza di abbondanti e sante vocazioni al sacerdozio, così come la certezza che il Signore non permetterà la Sua Chiesa non ha la luce necessaria per soddisfare l’emozionante avventura di gettare una rete nel lago, si basa sulla fedeltà di Gesù, sempre vivo e attiva nella Chiesa (cf. PDV, 23).
Abbiamo bisogno di nuovi evangelizzatori per la nuova evangelizzazione e questi sono i sacerdoti, ma amano il loro ministero in modo appassionato evangelisti, che vivono in modo specifico di santità. A Maria e il Beato Junipero Serra oggi si fidano tutti e ciascuno dei vocazione che il Signore ci manderà la sua intercessione per la sempre più intensa evangelizzazione e rinnovata.
Predica
Cari amici,
“Vi darò pastori secondo il mio cuore” (Ger 2,15). Il Signore ci ha riuniti in questo magnifico posto – Petra – dove è nato e cresciuto Beato Junipero Serra per confermarci nel nostro proposito di dedicare i nostri sforzi per la promozione e la cura delle vocazioni al sacerdozio “.

Fonte, Serra International; www.serra.org.

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